La visión de la unidad
El mayor desafío frente a los Estados Unidos
Una declaración de la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá'ís de los Estados Unidos (traducción de cortesía)
A pesar de los esfuerzos ya hechos para eliminarlo, el racismo sigue ejerciendo sus funestos efectos sobre esta nación. El progreso hacia la tolerancia, el respeto mutuo, y la unidad ha sido dolorosamente lento y marcado por repetidos reveses. El reciente resurgimiento de actitudes racistas, el aumento de incidentes raciales, y la creciente desesperación de las minorías y los pobres, hacen que la necesidad de hallar soluciones sea cada vez más apremiante y urgente. Ignorar el problema es poner en peligro su integridad física, moral y espiritual.
Conscientes de la magnitud y la urgencia de esta cuestión, nosotros, la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá'ís de los Estados Unidos, pronunciándonos en nombre de toda la comunidad bahá'í de este país, hacemos un llamamiento a todas las personas de buena voluntad para que se levanten sin más demoras para resolver el problema social fundamental de este país. Lo hacemos por nuestro sentido de responsabilidad compartida, por la experiencia de la comunidad bahá'í a nivel global en lograr la armonía racial dentro de su propio seno y por la visión que transmiten las Sagradas Escrituras de nuestra Fe con respecto al destino de Norteamérica.
La unidad de la humanidad constituye el eje central alrededor del cual giran todas las enseñanzas de la Fe bahá’í. Es al mismo tiempo una declaración de principios y una afirmación del objetivo final de la experiencia humana en el planeta. Hace más de un siglo, Bahá'u'lláh, el Profeta Fundador de la Fe bahá’í escribió: «El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente establecida». Es un principio que surge naturalmente del génesis y propósito de la existencia humana. La Palabra de Dios, conforme es presentada en los escritos bahá’ís, ofrece una visión convincente, como puede apreciarse en el siguiente ejemplo:
«Velado en mi ser inmemorial y en la antigua eternidad de mi esencia, conocía mi amor a ti; por tanto te creé, grabé en ti mi imagen y te revelé mi belleza».
«¿Acaso no sabéis por qué os hemos creado a todos del mismo polvo? Para que ninguno se enaltezca a sí mismo por encima de otro. En todo momento ponderad en vuestro corazón cómo habéis sido creados. Puesto que os hemos creado a todos de una misma substancia os incumbe ser como una sola alma, caminar con los mismos pies, comer con la misma boca y habitar en la misma tierra para que mediante vuestros hechos y acciones se manifiesten los signos de la unicidad y la esencia del desprendimiento desde vuestro más íntimo ser. Este es mi consejo para vosotros, ¡oh concurso de la luz! Prestad atención a este consejo para que obtengáis el fruto de santidad del árbol de maravillosa gloria.»
«Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una civilización en continuo progreso. El Todopoderoso es mi testigo: Actuar como las bestias del campo no es digno del hombre. Las virtudes que corresponden a su dignidad son indulgencia, misericordia, compasión, y amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la tierra».
Habiendo pasado por las etapas de la infancia y la turbulenta adolescencia, la humanidad se aproxima ahora a su madurez, etapa que atestiguará «la reconstrucción y desmilitarización del mundo civilizado en su totalidad – un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de la vida». En ningún otro país es más prestamente demostrable la promesa de la unidad orgánica que los Estados Unidos, ya que este país es un microcosmo de las diversas poblaciones del mundo. Sin embargo, en gran parte esta promesa queda sin realizarse debido al racismo endémico que, como un cáncer, corroe las entrañas de la nación.
Excesivamente, a través de toda su historia y en tantos lugares, la raza humana ha derrochado su energía y recursos en esfuerzos inútiles por probar lo imposible de comprobar: a saber, que un sector de dicha raza, a causa de las separaciones geográficas, las diferencias en la tez o la diversidad de expresión cultural, pudiera ser intrínsicamente diferente de cualquiera de los otros sectores. La ignorancia y los prejuicios que motivan semejante afán han llevado a interminables conflictos en nombre de privilegios de determinada tribu, raza, clase, nación o religión. Por paradójico que esto fuera, dentro de la coherencia de tales esfuerzos negativos en todo el espectro racial, la humanidad ha evidenciado todo lo contrario: pues, ha afirmado su unidad. La prueba reside en el hecho de que, bajo las mismas circunstancias, todos los pueblos, pese a su variedad étnica o cultural, se comportan esencialmente de la misma manera. La humanidad, en lo inútil de sus esfuerzos por clasificar y separar a sus diversos elementos, ha quedado desorientada y confundida. Huérfana de la influencia divina de la religión, a la gente le es imposible tener una buena orientación para su realidad y propósito íntimos y, por ende, no logra obtener una visión coherente de su destino. En este sentido, los bahá’ís hallan relevancia, dirección y se sienten realizados, sumidos en las enseñanzas de Bahá'u'lláh, el Fundador de su Fe.
La unidad de la humanidad es una verdad espiritual que ha sido confirmada profusamente por la ciencia. El reconocimiento de esta verdad obliga al abandono de todo prejuicio de raza, color, credo, nación y clase -- de «todo cuanto hace que la gente se considere superior a los demás». El principio de la unidad de la humanidad no es un mero estallido de sentimentalismo ignorante o una expresión de esperanza vaga y piadosa. . . . No constituye el enunciado de un ideal simplemente... Implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad actual, un cambio que el mundo no ha experimentado aun.
II
Pruebas del efecto negativo de los conflictos raciales y étnicos en la economía, han inducido a un número de empresas y corporaciones que se dedican a la resolución de conflictos, a establecer programas educativos que están estructurados para eliminar las tensiones raciales y étnicas en el lugar de trabajo. Estos son pasos importantes y deben ser alentados. Sin embargo, si su objetivo es principalmente salvar a la economía, no producirán una solución duradera a las consecuencias desastrosas del racismo. Pues, jamás será suficiente ofrecer formación académica y empleo a las personas y al mismo tiempo, debido a los prejuicios raciales, excluirlos de las relaciones sociales normales basadas en el amor fraternal y el respeto mutuo. La solución fundamental - la que reducirá la violencia, regenerará y enfocará la energía intelectual y moral de las minorías, haciendo de ellos socios en la construcción de una sociedad progresiva - dependerá en última instancia, del reconocimiento de la unicidad del género humano.
El fracaso es un fenómeno totalmente humano, cuando el ingrediente más importante para que las personas se auto estimen le es negado, - a saber, la dignidad que se deriva de una verdadera estima por parte de otros debido su talla como seres humanos. Ningún plan educacional, económico o político puede ocupar el lugar de esta necesidad humana esencial; no es una necesidad que las empresas y las escuelas, o incluso los gobiernos, pueden satisfacer en forma aislada con una actitud de apoyo de parte de la sociedad en general. Tal actitud debe basarse en una verdad espiritual y moral que todos reconozcan y acepten como propia, la cual, como el oxígeno que sirve a todos por igual, infunda vida en su esfuerzo común por vivir en unidad y paz. La falta de una verdadera estima hacia los demás, espoleada por dicha verdad, produce desesperanza en las personas discriminadas, y en tal estado de desesperanza las personas pierden fuerza moral coherente para realizar su potencial. Esta verdad vitalizante, estamos convencidos, se resume en la frase: la unidad de la humanidad.
Tan esencial es el principio de la unidad de la humanidad para la eficacia de los programas educativos, que es imposible exagerarlo. Sin su amplia influencia, tales programas no podrán contribuir significativamente al desarrollo de la sociedad. El hecho mismo de que las empresas por su cuenta estén poniendo en práctica tales programas educativos, hace saltar a la vista las graves deficiencias existentes en todo el sistema educativo. Como ya hemos dicho, más allá de los mecanismos de la educación, está el requisito indispensable de una correcta actitud por parte de quienes realizan los planes de estudio, y más importante aún, por parte de la sociedad en general. Sobre esta base, la educación no es solamente la ruta más corta para eliminar la pobreza, sino que es también la más corta para eliminar el prejuicio. Un programa educativo nacional que haga hincapié en los valores de la tolerancia, la fraternidad, la apreciación por las culturas que son distintas de la propia y el respeto por las diferencias, sería un paso importantísimo hacia la eliminación del racismo y, consecuentemente, hacia el fortalecimiento de la economía.
III
A partir del día de su nacimiento, los Estados Unidos adoptó un conjunto de valores contradictorios. Los fundadores de la nación proclamaron su devoción a los más elevados principios de igualdad y justicia; sin embargo en la Constitución consagraron la esclavitud. La institución de la esclavitud envenenó la mente y el corazón de la nación y no se hubiera logrado su abolición sin mediar una sangrienta guerra civil que casi destruyó a la joven república. Las nefastas consecuencias de la esclavitud aun son visibles en este país. Siguen afectando el comportamiento de los norteamericanos, tanto de los blancos como los negros, e impiden la cicatrización de las viejas heridas.
Sanar las heridas y construir una sociedad en la que personas de diverso origen vivan como miembros de una sola familia, constituye hoy el desafío más apremiante que enfrenta a los Estados Unidos de América. Su paz, su prosperidad, e incluso su prestigio en la comunidad internacional, dependen en gran medida de la resolución de esta cuestión.
El hecho de que la virulencia de la cuestión racial en los Estados Unidos atraiga la atención de todo el mundo, debería impulsar a este país para que realice un esfuerzo sin precedentes para eliminar todo vestigio de prejuicio y discriminación de su medio. El ejemplo de los Estados Unidos no podría dejar de tener una profunda influencia en la sociedad mundial y ayudar en el establecimiento de la paz universal. Pues, «Lograr la unidad entre la gente de color y blanca asegurará la paz del mundo».
La responsabilidad por lograr la paz racial y la unidad en los Estados Unidos incumbe a los blancos y los negros de este país. Para poder construir una sociedad en la que los derechos de todos sus miembros sean respetados y garantizados, ambas razas deben ser animadas con un espíritu de optimismo y fe en la realización final de sus aspiraciones más elevadas. Ni los blancos ni los negros norteamericanos deben pensar que la responsabilidad por eliminar los prejuicios y sus efectos incumbe exclusivamente a una de las partes. Ambos deben reconocer que la unidad es esencial para su común supervivencia. Ambos deben reconocer que hay una sola especie humana. Ambos deben reconocer que una sociedad que funcione en armonía y permita la plena expresión del potencial de todas las personas, tiene la capacidad de resolver los problemas sociales y económicos que desconciertan a una sociedad atormentada por la desunión.
Es claro que un elevado número, tanto de blancos como negros en los Estados Unidos, se siente profundamente decepcionado y frustrado por lo que cada grupo percibe como un fracaso de los esfuerzos realizados en las últimas décadas por mejorar las relaciones entre las razas. Para justificar este fracaso, ambos han reaccionado, retirándose a las posturas que le son más familiares de separación racial. A medida que aumentan los problemas de la delincuencia y la drogadicción, la tendencia es utilizar la aparente imposibilidad de resolver estos problemas como una medición del fracaso de los años de lucha por parte de ambos por superar las barreras que existen desde hace siglos. Por formidable que sea el desafío a enfrentar, ¿puede afirmarse justificadamente que no ha habido progreso significativo desde los días de las sentadas en los mostradores por todo el Sur del país?
Del mismo modo, las víctimas de una prolongada y arraigada discriminación racial buscan alivio en la idea de que los estadounidenses negros, blancos, indígenas, hispanos, y asiáticos son tan diferentes los unos de los otros que cada uno debe establecer su propio territorio cultural y social y no salir de él. ¿Tiene sentido esto? ¿No sería una negación de la realidad de nuestra humanidad común? ¿No sería una fórmula para el colapso total de la civilización? Quienes reclaman el separatismo predican una doctrina de hecho, desastrosa. Si la nación realmente se somete a semejante visión, ¿en qué punto exactamente dividirán su patrimonio cultural los norteamericanos negros y blancos los unos de los otros?
El racismo está profundamente arraigado. Infecta a los corazones tanto de los norteamericanos blancos como los negros Sin un esfuerzo consciente, deliberado y sostenido, nadie puede salir ileso de su influencia corrosiva, pues ambos grupos deben darse cuenta de que semejante problema no puede resolverse fácil o aceleradamente. Que ninguno crea que la mancha de este patente mal al buen nombre de su patria común pueda borrarse sin que haya amor genuino, enorme paciencia, verdadera humildad, tacto consumado, iniciativa firme, discernimiento maduro y esfuerzo deliberado, persistente y devoto.
Ambos grupos deben entender que no se producirá ningún cambio real sin que haya una estrecha asociación, compañerismo y amistad entre la gente diversa. La diversidad de color, nacionalidad y cultura realza la experiencia humana y nunca debe convertirse en un obstáculo para las relaciones armoniosas, la amistad, o que impida los casamientos. Bahá'u'lláh escribió, «El Gran Ser dice: ¡Oh bienamados! El tabernáculo de la unidad ha sido levantado; no os miréis como extraños los unos a los otros. Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama».
IV
Mencionamos la experiencia de la comunidad bahá'í, no por ningún sentimiento de orgullo o victoria final, pues lo que ya hemos logrado está lejos aun de lo que aspiramos. Sin embargo, los resultados hasta la fecha son bastante alentadores, y es como medio de aliento que nos referimos a ellos para su consideración.
Desde sus comienzos en 1863, la comunidad bahá'í se ha dedicado al principio de la unidad de la humanidad. Los bahá'ís dependen de su fe en Dios, de la oración diaria, la meditación, y el estudio de los textos sagrados para efectuar la transformación de carácter necesario para el crecimiento personal y para alcanzar la madurez; sin embargo, su objetivo es crear una civilización mundial la cual, a su vez afectará la naturaleza de la personas. De modo que el concepto de la salvación personal está vinculado a la salvación seguridad y felicidad de todos los habitantes de la tierra y emana de la creencia bahá'í de que «el mundo de la humanidad es un cuerpo compuesto» y que, «cuando una parte del organismo sufre, el resto del cuerpo sentirá sus consecuencias».
Guiada e inspirada por estos principios, la comunidad bahá'í ha acumulado más de un siglo de experiencia en la creación de modelos de unidad que superan consideraciones de raza, cultura, nacionalidad, clase, y diferencias de sexo y religión, proporcionando evidencia empírica de que la humanidad en toda su diversidad puede vivir como una sociedad mundial unificada. Los bahá'ís consideran la unidad como la ley de la vida; por consiguiente, todos los prejuicios son percibidos como enfermedades que amenazan esa vida. En vez de considerar que la unidad de la humanidad sólo puede establecerse después de que otros problemas que la afligen se hayan resuelto, los bahá'ís creen que el desarrollo, tanto espiritual como material, dependen del amor y la unidad. Por lo tanto, los bahá'ís ofrecen las enseñanzas de su Fe y el ejemplo de su comunidad, para que sean examinados, convencidos de que pueden hacer una contribución para la erradicación del racismo endémico a la sociedad norteamericana. Lo hacemos con fe firme en la ayuda de nuestro Creador, Quien, por Su amor infinito, creó a toda la humanidad de la misma descendencia y quiso que todos pertenezcamos al mismo hogar. Creemos, además, que el día de la unificación de toda la raza humana ha llegado y que «las potencialidades inherentes a la estación del hombre, la excelencia innata de su realidad, deben manifestarse en este prometido Día de Dios».
APÉNDICE
La Fe Bahá'í es una religión mundial independiente con adherentes en casi todos los países. La comunidad bahá'í mundial que asciende a más de cinco millones, incluye casi todas las nacionalidades y clases sociales. Más de 2.100 grupos étnicos y tribus están representados. Existen en la actualidad 155 Asambleas Espirituales Nacionales.
Bahá'u'lláh es el Profeta Fundador de la Fe Bahá'í. Los principios fundamentales de su religión son la unicidad de Dios, la unidad de la religión, y la unicidad de la humanidad. Su religión «Proclama la necesidad e inevitabilidad de la unificación del género humano, afirma que ésta se aproxima gradualmente, y asevera que nada salvo el espíritu transmutador de Dios, que actúa en este día por su Portavoz escogido, puede lograrla. Además, impone a sus seguidores el deber primordial de una libre búsqueda de la verdad, condena toda clase de prejuicio y superstición, declara que el propósito de la religión es la promoción de la amistad y la concordia, proclama su armonía esencial con la ciencia, y reconoce que ella es el agente preponderante para la pacificación y progreso ordenado de la sociedad humana. Sostiene en forma inequívoca el principio de igualdades y privilegios para hombres y mujeres, insiste en la educación obligatoria, la eliminación de extremos de pobreza y riqueza, suprime la institución del sacerdocio, prohíbe la esclavitud, el ascetismo, la mendicidad, y el monaquismo, enfatiza la necesidad de obediencia estricta al gobierno del propio país, exalta al grado de adoración a cualquier trabajo ejecutado en espíritu de servicio, aboga por la creación o selección de un idioma internacional auxiliar y delinea las trazas de aquellas instituciones que deben establecer y perpetuar la paz general de la humanidad.
Copyright 1991 by the National Spiritual Assembly of the Bahá'ís of the United States; proofread and corrected Jan 1994
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La Armonía Racial
